Viajando por Transilvania

Mural de Vlad tepes en la que fue su casa - Sighisoara - CC Curious Expeditions

Mural de Vlad tepes en la que fue su casa – Sighisoara – CC Curious Expeditions

Después de unos días en Maramures (ver entrada 17-01-2010) nos dirigimos a Bran, en Transilvania. Pero antes de llegar allí no podíamos dejar de hacer un alto en Sighisoara, que posee unas callecitas medievales muy auténticas. Sighisoara es una ciudad bastante grande, y para llegar a la parte antigua de la ciudad hay que buscar su zona más alta. Es fácil localizarla, pues una iglesia que se puede observar desde muchos puntos de la ciudad corona el conjunto. Cerca del camino que sube a la ciudad medieval hay un parking de tierra donde se puede dejar el coche. Es también donde se encuentra la casa del famoso Vlad “El Empalador”, más conocido como Drácula. Ahora arriba hay un restaurante y abajo un bar. Como tiene su gracia, entramos a comer en el restaurante de Drácula, pero a parte de los nombres de la carta, es un sitio bastante normal. De todas maneras vale la pena entrar para ver la casa por dentro y fantasear mientras das cuenta de los platos en el comedor. Predominan los muebles de madera bastante bastos, y la ambientación de la entrada al comedor acompaña bastante, pues hay alguna armadura, cofres, y las sillas del bar están talladas de una manera abigarrada. Lo peor del restaurante, el panel que hay a la puerta con un estúpido vampiro dibujado que te invita a entrar con los brazos abiertos.

Sighisoara

Sighisoara

La que una vez fue casa de Vlad Tepes… ahora restaurante

Dentro de la casa de Vlad Tepes

Llegamos a Bran de noche, después de unas 8 horas de viaje desde Botiza (si no contamos las horas que paramos a comer).  Encontramos un pueblo que no tiene nada que ver con Maramures. En comparación con la remota Botiza, sus calles están llenas de coches y turistas, y un montón de hotelitos se alinean al borde de la carretera.

Bran

El segundo día de llegar a Bran decidimos subir a los Cárpatos.  ¿Cómo describirlos? No sé si era porque subir a esas famosas montañas tenía una extraña connotación para mí (demasiada literatura de vampiros…), pero la ascensión por la Transfagaras, una de las carretera más altas de Europa, fue impresionante. La subida se hace por una pequeña carreterilla con una increible cantidad de curvas. En la ascensión a las Fagaras, la vegetación va cambiando, tornándose cada vez más escasa pero también más impresionante.  Por eso, mientras se asciende,  vale la pena ir parando de vez en cuando para observar el paisaje y disfrutar de la sensación que se tiene ahí arriba.

Transfagaras

Al llegar a la cima, hacer una parada y bajar del coche para observar la vista es obligatorio.  De verdad.  Podemos aparcar en un descampado que se ha habilitado para ello, y prepararnos para bajar del coche y contemplar el paisaje. La inmensidad de las montañas que se presentan ante nuestros ojos no nos dejará indiferentes. En agosto todavía quedaba nieve en algunos rincones, y la niebla, tan común en estas alturas, se concentraba en algunos puntos y daba al paisaje un aspecto más invernal. El sol aparece y desaparece en segundos, algo común en alta montaña. Además de la vista, también se puede aprovechar y probar alguno de los alimentos que ofrecen los vendedores apostados alrededor de la carretera. En la cima encontramos también un albergue y un hotel-restaurante-bar, una construcción de madera y piedra en la que se puede comer o tomar algo en la terraza.

Al llegar a la cima de la carretera

Túnel de la Transfagaras

La segunda noche que pasamos en Bran coincidió con el cumpleaños de uno de los viajeros del grupo (éramos 5). Fue genial celebrarlo en un restaurante de Bran. El dueño del local nos ofreció una de las pocas botellas de cava o champagne (no sé exactamente cómo definir lo que bebimos) que tenía. Pero lo mejor vino cuando al ver que no tenía ningún postre que se pareciera a un pastel, fue a llamar al pastelero del pueblo casi a las diez de la noche para preguntarle si nos podía vender uno. Y dicho y hecho. El pastelero vino a buscar a uno de nosotros para que lo acompañara, le abrió el establecimiento, y le dejó elegir lo que quería llevarse. Por eso no exagero al decir que aunque puedas encontrar gente amable por ahí,  aquí la verdad es que nos encontramos con mucha.

El último día de alojamiento en Bran decidimos hacer una visita a Brasov. Como es la capital de una de las zonas más industriales de Rumanía, la mayor parte de la ciudad está formada por bloques de pisos con aspecto comunista. Pero si nos adentramos en el corazón de la ciudad y damos con el centro histórico nos topamos con una encantadora plaza rodeada de antiguos edificios multicolores. Además desde la plaza se puede apreciar cómo la ciudad se encuentra en la falda de los Cárpatos. De todas maneras, el abandono de muchos edificios se puede observar incluso en el centro, aunque seguro que poco a poco, de aquí a no muchos años, vemos cómo Brasov cambia y se lava un poco más la cara para atraer al turismo. Lo malo de ese cambio es que entonces la ciudad perderá parte de su autenticidad y ganará algo de parque de atracciones, como ha sucedido en muchas otras ciudades europeas.

Brasov

Brasov

Brasov

En Brasov es famosa la Iglesia Negra, que debe su nombre a un incendio ocurrido en 1689. Nosotros intentamos entrar a visitarla, pero la encontramos cerrada un día en pleno agosto, con la ciudad llena de turistas. Además la zona donde se levanta esta colosal edificación está bastante dejada. Es una construcción oscura, de ahí su nombre, quizá por eso llama tanto la atención el colorido reloj que está en su fachada.

Iglesia Negra

Y por último,  y como cita obligada si uno va a Transilvania, visitamos el Castillo de Bran, más conocido como el Castillo de Drácula. En realidad este último nombre sólo se le ha dado por la novela, porque se cree que Vlad “El Empalador” sólo estuvo de paso en él un par de noches. Es uno de los casos en que la literatura gana a la historia, y un antiguo castillo teutón del siglo XIV pasa a tener una connotación tenebrosa, y a ser la morada del oscuro vampiro. En realidad el castillo no es esa construcción terrorífica que se ve en las películas, sino un castillo luminoso, que impresiona más desde fuera que desde dentro. De todas maneras es un castillo muy bonito, diferente a los que estamos acostumbrados a ver en Europa Occidental, pues en este la piedra no parece que sea la que más predomine en la construcción. El emplazamiento también contribuye a darle un toque especial, pues un castillo en los Cárpatos supone un paisaje repleto de altos árboles y frondosa vegetación que lo rodea todo.

Castillo de Bran

Castillo de Bran

Castillo de Bran

Pasadizo en el interior del castillo

Todo el interior del castillo está decorado a la moda de los 1920 y 1930, cuando albergaba la residencia real, con bonitos muebles de madera robusta y alfombras de varios tamaños, formas y colores.

En el interior del castillo

En el interior del castillo

Nos ocurrió una curiosa anécdota dentro del Castillo de Bran. Mientras merodeábamos por las estancias, apreciando los detalles de cada habitación, se nos acercó una mujer que trabajaba como guía en el castillo y nos ofreció ver una pequeña habitación que no estaba abierta al público. Yo pensaba,  ¡qué bien que nos inviten así! , ingenua de mi, pero una vez dentro de la pequeña estancia abrió un cajón y empezó a intentar vendernos gorros de lana que decía haber tejido ella misma. La verdad es que nos sentimos un poco tontos, para qué negarlo, pero en el fondo estuvo bien entrar en esa pequeña habitación cerrada. Vendió un gorro.

En cuanto al pueblo de Bran, los comerciantes han aprovechado la tirada que tiene el Conde Drácula para hacer su agosto vendiendo camisetas, tazas, y todo tipo de parafernalia relacionada o no con el vampiro. Así que acabamos el día comprando souvenirs, cenando kebab para llevar y jugando unas partidas al Trivial (sip, llevábamos el trivial en la maleta). A la mañana siguiente tocaba limpiar el coche y coger carretera hacia Budapest… en un viaje que nos volveria a llevar nuestras 14 horitas…

2 Respuestas a “Viajando por Transilvania

  1. me gusta que te guste mi pais y la manera que sabes apreciar el arte que por falta de organizacion y por falta financiera no se le aplica el valor que se merece.:)

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